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Condenan a un gerente por intentar besar a una empleada

La investigación fue realizada y llevada a juicio por el Equipo Fiscal de Género, encabezado en Esquel por Carlos Richeri. La juez Fernanda Révori encontró probado el caso y dictó condena a un año de prisión en suspenso por el delito de tentativa de abuso sexual simple.

El martes 23 de febrero de 2021, aproximadamente a las 11 en el interior del local comercial de venta de automotores, el acusado -gerente de la concesionaria- ingresó a la oficina donde desempeñaba tareas administrativas la víctima, la abordó sorpresivamente por detrás mientras ella se encontraba sentada de espaldas en una silla giratoria, dio vuelta la silla haciendo que quedara su cara frente a sus genitales, le exigió que le diera un beso en la boca e intentó dárselo sin su consentimiento sacándole el tapaboca, generándose un forcejeo con la joven que finalmente hizo que Víctor M. Palleres cesara en su accionar y se retirara de la oficina.


La defensa negó que el hecho hubiera ocurrido, que por la prueba producida ni siquiera se probó un comienzo de ejecución de un hecho de abuso, puso en duda que lo denunciado haya sido lo que realmente ocurrió, e hizo hincapié en que no fue abuso sino acoso laboral. Añadió que la patronal puso el dinero, dio por terminado el problema, se le ofreció a la víctima una salida y se extinguió la relación laboral.


La sentencia refleja que de los empleados de la agencia, ninguno pudo afirmar que lo denunciado hubiera sucedido, pero tampoco que fuese falso. La jueza Fernanda Révori indicó que si bien no hubo testigos presenciales del evento que se juzga, dio la sensación de que tenían información indirectamente relevante al objeto del juicio, a la que tildaron de “comentarios/rumores” para sortear el escollo de referirse a ella, logrando de este modo permanecer indiferentes ante el conflicto suscitado, evitando sobre todo perjudicar a su jefe.

La psicóloga forense evaluó el relato de la denunciante como coherente, apegado a la realidad, sin tendencia a la manipulación ni a la fabulación, sin indicadores de psicopatología.

En la evaluación de la credibilidad del relato, Révori se preguntó qué motivación, interés, especulación podría tener la denunciante para montar semejante historia y mantenerla en el tiempo si no fuera real. Perdió su trabajo, sus compañeros, su tranquilidad; se expuso a la mirada del entorno que dudó de sus palabras, se enfrentó al sistema de justicia, se sometió a pericias psicológicas. “No encuentro razón desde la lógica, el sentido común y las máximas de la experiencia para no creer en sus palabras”, destacó.


EL BESO SIN CONSENTIMIENTO

La jueza indicó que si bien el beso en sí mismo no constituye un acto ilícito como tal, sino una expresión de afecto de uso habitual y frecuente dentro de un marco civilizado; el beso dado sin consentimiento, en contextos como el reconstruido, afecta el bien jurídico protegido por la norma.


El dolo en el actuar del imputado surge acreditado a partir del conocimiento de los medios empelados: el abordaje sorpresivo por detrás, su situación de preeminencia y la violencia desplegada; el conocimiento del contenido sexual del acto emprendido de intentar besar en la boca a su empleada mientras trabajaba sin su consentimiento y pese a la manifiesta resistencia ofrecida por la víctima, el continuar con su propósito demostrando de tal forma su deliberada intención de abusar sexualmente de ella.


Hay que aclarar que la sentencia aún no se encuentra firme.

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